Salud Mental
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Una reflexión sobre la maternidad

La maternidad es, probablemente, el estado más permanente de todos los que existen en la vida porque, una vez que eres madre, ya no puedes dejar de serlo.

A lo largo de mi vida, oí muchas veces decir que la maternidad comienza en el momento en el que sabes que estás embarazada y que ya no termina nunca porque, incluso en el caso de aquellas madres que por la crueldad del destino pierden a sus hijos, la huella que deja la experiencia de haber sido madre en tu cuerpo y en tu mente es imborrable. Sin embargo, de todas las cosas oí a lo largo de mi juventud, hay una con la que nunca estuve del todo de acuerdo y que siempre me molestó mucho: “Cuando seas madre, lo entenderás” o “Eso no lo sabes porque no eres madre”. Esas frases tan tremendamente desacertadas que sueltan muchas personas y que conllevan, sin querer, la desaprobación y menosprecio del sentimiento materno que muchas mujeres experimentan sin haber dado a luz. Siempre que oía una de estas frases, me daba la sensación de que quizás existía una realidad más allá de la que yo conocía y que, en un ejercicio de humildad, debía creer en su existencia sin haberla experimentado.
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Me daba la sensación de que aquellas personas que me lo decían me auguraban una dimensión de la realidad que está no accesible a todas las mujeres, sino solo a aquellas que se convierten en madres.

Como si existiera un momento en el que una se transformara en algo que antes no era… Pero, ¿qué era convertirse en madre?

Según el significado literal e intencional de esas frases, la maternidad se iniciaba cuando sabías de la existencia de un embarazo. Sin embargo, yo estoy en absoluto desacuerdo con la idea de que una mujer se convierte en madre solo cuando tiene hijos.

Esa no fue mi experiencia porque a todas aquellas mujeres que me decían que había un tipo de amor que yo no conocía (antes de tener a mi hija), yo siempre les respondía en mi mente: “sí que conozco ese amor, lo conozco tanto que he estado pensando en mis hijos antes incluso de que existieran”.

“En mi concepto de maternidad, una mujer se convierte en madre cuando es capaz de amar con amor maternal.”

HELENA GARCÍA

Y, de hecho, quiero ir incluso más allá… el amor a los hijos empieza por el amor a una misma

En mi experiencia, mi hija vino a dar forma a ese amor, a humanizarlo, y contenerlo en un pequeño cuerpo perfecto, lleno de vida… pero ese amor ya existía y yo lo había estado cultivando desde hacía muchos años atrás. Cada vez que me cuidé, la amé. Cada vez que me permití caer y levantarme, la amé. Cada vez que crecí como persona, la amé. Y cuando la tuve, la volví a amar.

En mi forma de verlo, quizás existan muchas formas de maternidad pero sólo un camino… el amor.